Chat with us, powered by LiveChat

Siempre estamos, y cada vez aumenta más, rodeados de personas que sufren alergias, intolerancias o algún tipo de trastorno de tipo alimenticio que pueden desarrollarse enfermedades… reacciones molestas pero debemos saber que es nuestra salud y debemos luchar para crear un buen estilo de vida en general.

Cuando una persona sana puede darse cuenta de que reacciona con síntomas anormales a la ingesta de un alimento y va al médico se le puede diagnosticar una alergia o una intolerancia.

¿Qué diferencia una intolerancia de una alergia?

La intolerancia puede llegar a provocar malas digestiones, gases, molestias musculares, estados de nerviosismo e inquietud, insomnio, pérdida de fuerza, astenia… Pero ahora existen pruebas analíticas fiables como para la intolerancia al gluten.

Por ejemplo: Intolerancia a la lactosa. Se puede saber si te quitas la lactosa y si te afecta o no. Es la sensibilidad y el autoexamen pero siempre es mejor hacerte una prueba.

En las personas alérgicas o atópica se descubre un aumento de las inmunoglobulinas IgE, IgG4 o eosinófilos en los análisis de sangre. Además pueden mostrar reacciones positivas a los tests cutáneos o a las pruebas de provocación (se administra el alimento de manera aislada y se espera a la reacción). Estas personas pueden sufrir rinitis, conjuntivitis, dermatitis, gastritis o enteritis, bronquitis… que son los síntomas que les llevan al médico.

Son reacciones más o menos intensas que desaparecen cuando cesa el contacto con el alimento, pero conviene saber que la reacción también puede ser aguda y grave, como ocurre en el shock anafiláctico, que puede poner en riesgo la vida si no se trata con una inyección de adrenalina o un corticoide para cortar la respuesta inflamatoria del organismo.

Por tanto, la alergia puede ser una reacción excesiva ante antígenos (proteínas) similares que se encuentran en los alimentos y que resultan inocuos para la mayoría.

Ni alergias ni intolerancias son nada extraño. La predisposición a sufrir alergias se da entre un 15% y un 30% de los europeos.

Aunque normalmente se ha ceñido el problema a una alteración del sistema inmunitario, lo cierto es que este no está aislado del resto del organismo ni del entorno. En que se desencadenen los síntomas pueden intervenir factores psicológicos, endocrinos y ambientales.